18 de enero de 2011

*Un amor columpio

Tuve una vez un amor columpio. Tenía que sentarme continuamente sobre él y balancearlo todo el tiempo arriba y abajo, arriba y abajo... Así de insaciable era ese amor en su compulsiva ansia de altura y vértigo.
Una tarde en la que acudí a nuestro diario encuentro en el parque, el columpio ya no estaba. Ni tampoco el amor que lo había empujado.
Ahora, donde había un columpio, hay un banco verde en el que a veces me siento a ver morir la tarde.
Sí, ahora tengo un amor banco verde, que es cosa bien descansada y que me permite pensar. Y lo que a menudo pienso es que mi próximo amor será un amor perro. Y enseñará los dientes.