12 de enero de 2011

*Silencio

Que de la nocturnidad de mi escritura nadie espere cohetes ni estallidos luminosos de colores. Quien ande buscando charanga o verbena, que salga raudo de esta página. Yo escribo en blanco y negro. Y lo hago en silencio. Porque el silencio no puede ser nombrado. Quien nombra el silencio, rompe el silencio y no nombra nada. El silencio sólo puede ser sentido. Y si se quiere expresar, debe ser por escrito y con mucho sigilo, porque al menor ruido, el silencio escapa.
Ahora el silencio quiere que yo escriba sobre él. Sé que si lo hago, el silencio mismo editará mi obra y ambos obtendremos fama. Aunque nadie la conocerá. Porque ni a mí ni al silencio nos gusta el ruido. Y la fama es sólo un ruido. Es por eso que los famosos no pueden tener silencio.
Sabido es que en la ubicuidad de un silencio sólo cabe otro silencio. Pero entre dos silencios caben todas las palabras del mundo. Y aunque dentro del silencio sólo existe el silencio, en la insonoridad más íntima del último silencio existe el silencio de Dios. Pero sobre esta cuestión, el silencio prefiere que guarde silencio. Silencio, pues.