Olvida ya lo que pudiste haber sido y nunca fuiste porque te faltó talento o valor. Olvida la oportunidad que tuviste y desechaste, o la que en vano esperaste pues jamás se presentó. Olvídalo ya. Aquel no eras tú, ni aquella tu oportunidad. La tuya la tienes precisamente ahí delante. Es ese camino que nace justo a tus pies y que podría llevarte muy lejos: nada menos que de ti hasta ti mismo. Sí, tú eres tu propio camino y estás destinado a recorrerlo hasta el final. Porque el pasado puede, en verdad, ser un gran lastre, pero nunca una excusa, nunca un eterno impedimento. Así que levántate y echa a andar como quien realmente eres: el guía y hacedor de tu propio camino. Aventúrate de una vez en ti y el viaje sólo podrá resultarte ligero, atractivo y gozoso.