10 de enero de 2011

*La mujer de mi vida

De vez en cuando ocurre que me cruzo con la mujer de mi vida. La veo y de inmediato la reconozco allí, parada junto a otras personas, esperando cruzar un semáforo. Y me digo: es ella, la mujer de mi vida, la que tal vez podría hacerme feliz. Pero siempre la dejo marchar; permito que cruce el semáforo y se aleje “Calle del Amor” abajo. Podría, claro, abordarla, tratar de hacérselo entender, pero es que cambia tantas veces de aspecto y hasta de edad que siempre logra confundirme. Y tiene, además, tantísimos nombres. Unos la llaman Silvia, otros Clara, o Eva, y hasta Isabel. Yo mismo, hace unos días, desde la otra acera, le grité: ¡Annaaaaaaa…! –me dio por ahí- y ella entonces se giró hacia mí. Pero no me reconoció. O tal vez sí, pero no debió ver en mí al hombre de su vida. De vez en cuando ocurre.