Sucede que un día alguien pronuncia la palabra mágica y nuestro corazón comienza a bombear a un ritmo desacostumbrado. Sucede que esa palabra de felicidad nos hace al poco tiempo más desgraciados. Sucede que, a pesar de todo, deseamos volver a oír esa palabra, pero ya nadie sabe pronunciarla. Sucede que pasan los años y ya no volvemos a sentir nada tan intenso como aquella palabra. Sucede que, finalmente, ya nada sucede.