10 de febrero de 2011

*Lluvias

Está lloviendo. Hace cinco minutos no llovía, pero ahora sí, ahora llueve. Lo sé porque lo observo desde mi ventana. Una torrencial cortina de agua se estrella contra al asfalto, salpicando mi alma y despertando en ella otras lluvias que yo conocí en lo alto de una montaña o a bordo de un barco militar, en las mil y una carreteras y autopistas que el joven hippy que yo era recorrió, o en alguna casa perfectamente amueblada o en ruinas en la que yo me hallaba solo o con alguien amigo.
Pero esta lluvia no es como las otras. Es diferente, aunque yo no sabría decir por qué. Quizás porque ahora, al asomarme de nuevo a la ventana, veo que ya no llueve y tengo la sensación de que todo ha sido un sueño. ¿Y si las otras lluvias que yo conocí también las hubiese soñado? A lo mejor, la montaña, el barco militar, las mil y una carreteras y autopistas, la casa perfectamente amueblada o en ruinas, el amigo e incluso yo mismo sólo seamos parte de un gran sueño, simples reminiscencias del sueño involuntario de alguien que, aquí o en cualquier otra parte, se esté ahora mismo preguntando si lo que alguna vez vio o vivió, ocurrió realmente o fue tan sólo algo que él también soñó mientras dormía en una noche quizás soñada por otro.
¡Quién sabe! Tal vez sólo vivimos mientras alguien nos sueña y al despertar ese alguien, morimos como mueren los sueños. ¡Y es que es todo tan extraño! Porque ahora que oigo otra vez llover, ya no sé si ese llover que oigo, lo oigo desde dentro o desde fuera de mi sueño. Saldría a mojarme bajo la lluvia para comprobarlo, pero ¿y si al contacto con el agua, despierto y resulta que no existo?