8 de febrero de 2011

*El cuerdo y la cuerda

Un cuerdo se "colgó" de una cuerda, y durante un tiempo ambos gravitaron felices sobre el polvo y las inmundicias de la superficie. Pero llegó el otoño. Al cuerdo se le cayeron las hojas que tanto lo habían adornado, y la cuerda, algo deshilachada, terminó cediendo al peso muerto de aquel cuerdo seco y deshojado; de aquel fraude.
No sé que fue de la cuerda. Tal vez, ya remendada, esté subiendo cubos de agua fresca de algún pozo sin fondo. Sí sé, en cambio, que el cuerdo, profundamente afectado por el enorme morrazo, anduvo vagando un tiempo sin rumbo ni corazón, hasta que un buen día se encaprichó de una bonita soga, y desde entonces vive feliz criando malvas, libre ¡por fin! de aquella fatal atracción por las cuerdas y las corduras.