Hay cosas que pasan que nos extrañan. Pero sólo son cosas que pasan. Lo extraño es que nos extrañe que pasen, que aún nos sorprenda que ciertos sucesos decepcionen siempre nuestras expectativas.
Pero lo más extraño de todo es que de esta pertinaz y cotidiana decepción vital no surja de una vez la verdadera rebelión, no la de las masas (eso sólo daría lugar a un estúpido ejercito de seres decepcionados, armados de rencor hasta los dientes), sino la particular, la de cada uno, esa que a lo largo del tiempo han ido proclamando los pocos sabios que en el mundo han sido.