16 de diciembre de 2011

*Ojalá...

Ojalá en todas partes se estuviera tan bien como se está en casa, cuando en casa se está bien.
Ojalá tu casa y la mía fuesen dos castillos feudales comunicados por un puente kilométrico, elevado sobre el aire y la extensa orografía de los campos.
Sé que entre ambos castillos emergerían todas las estaciones. La del verano sería gozosa, con su sol, sus viñedos y el trajín de la cosecha. El otoño cubriría los caminos de hojas secas y amarillas. El invierno sería blanco, y sobre el puente quedarían grabadas nuestras últimas pisadas. Pero en la primavera la vida entera se enamoraría de nuevo y todo encajaría otra vez. Ojalá existiera un puente entre el Castillo del Sueño y el Castillo de la Realidad.