A menudo apodado como el Tom Waits texano, dadas sus condiciones vocales y su singular apariencia física, Calvin Russell falleció el 3 de abril de 2011 a la edad de 62 años a consecuencia de un prolongado cáncer de hígado. Su condición física, de hecho, nunca había sido uno de sus puntos fuertes. En su última actuación en directo, en noviembre de 2010, el cantante no pesaría más de 45 kilos, se hallaba literalmente en los huesos, aunque ello no le impidió interpretar cuatro canciones junto a su grupo.
La vida de Calvin Russell, hijo de una familia pobre y numerosa, ha estado más cercana a la de un mal sueño que a la del creador, compositor e intérprete musical que se escondía en su interior. Una biografía construida a base de errores, adicciones, hachazos vitales pero, también, de gloriosos episodios artísticos: los que van de su condición de cocainómano arrastrándose por tugurios de la texana Austin hasta su salto a la fama en 1989 gracias a una cinta de casete con grabaciones caseras. Su polivalencia estilística le había convertido en uno de los referentes contemporáneos del blues, el folk y el rock cocinados en Texas.
Su aspecto físico era otra de sus grandes características, con su rostro demacrado, su sempiterno sombrero y un porte dolido y atormentado. No era, cuentan sus allegados, una simple pose. Había comenzado a escribir canciones a los 18 años durante una de sus estancias en prisión a consecuencia de consumo y tráfico de marihuana.
Este videoclip pertenece a un concierto ofrecido en Alemania en 1995. Rusell tenía en ese momento 46 años, aunque su rostro fuera el de alguien veinte años mayor. Desde luego, de él no puede decirse que naciera con una hogaza de pan bajo el brazo. No, he gots no bread with his one meat ball...