20 de enero de 2012

*Ciudad de reyes

Vive en mi cabeza una ciudad deshabitada. Los que antes la habían masificado, pervirtiéndola, huyeron despavoridos al verme llegar, o fueron expulsados sin contemplaciones por el acerado filo de mi espada. Hubo quienes trataron de aferrarse a aquel lugar apelando a no sé qué derechos de “pertenencia y raíces”. A estos pocos los perseguí con especial saña hasta el borde mismo del abismo, que al instante los engulló junto con sus absurdas clamas y banderas.
Ahora soy el rey absoluto de estas desiertas calles que sólo existen en mi cabeza, y en ellas, cual monarca que soy, ordeno y mando a nadie con una firmeza que pocos reyes en la historia han poseído. Ser rey, al fin y al cabo, es esto: no tener a nadie a quien mandar u obedecer.