9 de enero de 2012

*Preguntad a los amantes

El dolor de los amantes
es amargo como el cáliz
que Jesús temió beber.
El dolor de los amantes
a veces hiela la sangre
o la enciende hasta temer.
Y entonces todo se apaga
y el corazón llora y sangra
de impotencia y soledad.

La soledad de los amantes
es triste como una niña
que ha descubierto que es fea.
La soledad de los amantes
navega junto al cadáver
que flota hinchado en el Sena.
Y entonces ya nada es cierto
si Dios existía, ha muerto
y sólo queda la pena.

La pena de los amantes
está escrita en las pupilas
de los hombres de tabernas.
La pena de los amantes
es un grito enmudecido
desde lo hondo de las venas.
Y en esencia, ¿eso es amor:
pena, soledad, dolor?
¡Preguntad a los amantes!