Impedidos de ver como estamos, nos toca imaginar. Pero quien tan sólo imagina, únicamente vive una vida imaginada, una vida incompleta.
Ese aferrarse a nuestra imagen mental para no sentir nuestra íntima esencia provoca en nuestro ser una disfunción que afecta a nuestro querer y a nuestro entender y, en definitiva, a nuestro existir.
La no completud del ser se siente como desdicha. Ser consciente de esa desdicha puede ser el principio de un definitivo despertar.