Sólo podemos ser justos en la intención sincera de serlo. En el roce real y cotidiano con los otros sólo nos cabe ser humanos: seres capaces de amar y de odiar, de juzgar, y a veces hasta de perdonar.
Sí, tratar de ser justos es todo lo justos que podemos llegar a ser. No nos mortifiquemos más, pues, con cuestiones en sí inmutables. El animal humano es lo que es. Y ahí está para probarlo su obra de destrucción y la historia de sus masacres y miserias. Y también todo lo increíblemente hermoso que ha sabido sentir, imaginar, crear. Somos todo lo que hasta ahora hemos sido y todo cuanto podemos llegar a ser, y este es nuestro exacto límite. Y ni tan siquiera con la imaginación podemos trascender esa frontera. Por eso, buscar más allá de uno mismo, es extraviarse. No existe un más allá de uno mismo, ni de nada. Simplemente, no existe un más allá. Sólo existe el aquí y el ahora, y en él, nosotros.