29 de abril de 2012

*Inadaptabilidad congénita

En el trabajo, una vez más, yo en el ojo del huracán. Soy convocado a uno de los "grandes despachos". No lo dicen abiertamente, pero quieren que pare, que me calle, que cierre la boca de una puta vez. Aún no es del todo explícita, pero ya percibo la amenaza.
El motivo circunstancial de esta llamada al orden fue un simple y, hasta cierto punto, inofensivo comentario mío que llegó a oídos de "Mama Begoña".
Esta coordinadora -que respecto a mí anda un tanto descoordinada- me "invitó" muy sutilmente a que buscase una "salida razonable" a mi pertinaz negativa a adaptarme a lo que ella llamó "la dinámina del Centro".
Y yo me pregunto: ¿Es justo calificar de "pertinaz negativa" lo que en mí no es más que una inadaptabilidad congénita a todo lo establecido? ¿Tengo yo, acaso, culpa de tener un alma periférica, o de que mi corazón indigente sólo palpite con brío cuando transita por la marginalidad del extrarradio normativo, allí donde sólo sucede lo mejor y lo peor?
Sé muy bien lo que quieren: que me vuelva opaco, como ellos. Y si pudiera les complacería. Pero, ¿qué puedo hacer yo, si nací con un pie en la oscuridad y con el otro en la luz?