8 de abril de 2012

*El desconocido

El desconocido que esta noche se sentó junto a mí en la barra del bar -un bar únicamente frecuentado por desconocidos- me confesó, de un modo un tanto siniestro y sin que viniera a cuento, que él había nacido en el peor día de su vida y que en ese primer día de su vida, el más horrible de cuantos le había tocado vivir, él, desgarrado de la carne a la que había estado unido y medio ahogado en su propia sangre, había tenido que abrir los ojos a un horror tal que desde entonces, dijo, jamás le había abandonado. Me contó esto, pagó su copa y se fue. Y yo seguí allí, con los ojos fijos en ese otro extraño que tanto se parecía a mí y que desde las entrañas del espejo me estuvo observando con rencor hasta que en el bar se apagaron las últimas luces.