Escribo, sí, pero sin mancharme demasiado las manos. Y a la menor dificultad desecho la palabra. Y es que desde siempre, ese supuesto compromiso vital, que es previo a la escritura, me ha resultado huidizo. Y aquí está, para probarlo, mi literatura atemorizada: todos esos relatos sobre convulsiones y desolación, todo ese extenso campo de batallas perdidas que describo es mi biografía. Sí, esos heridos y muertos soy yo. Tuve que matarlos, abandonarlos a su mala suerte para poder sobrevivir.
Soy, pues, ese uno que ha resultado escindido y no sé qué coño hago hurgando en mis bolsillos, donde sé perfectamente que nada tengo, excepto ese temblor celular como de criatura abrazada por una madre de hielo.
Soy, pues, ese uno que ha resultado escindido y no sé qué coño hago hurgando en mis bolsillos, donde sé perfectamente que nada tengo, excepto ese temblor celular como de criatura abrazada por una madre de hielo.