Te vi la otra noche bailando en un pub de Ibiza. Llevabas un vestido verde satinado muy ceñido a tus formas y te movías de forma muy sensual y casta a la vez.
Yo estaba apalancado en la barra y me enamoraba de ti, así, por la cara, porque me gustaba como te movías, porque me encantaba el blues que sonaba y porque el segundo whisky sabía de puta madre. Bailabas con un tipo mucho más interesante que yo, un obstáculo realmente guapo. Entonces, en medio de un increible solo de Eric Clapton, el tipo te besó. Al instante apuré el whisky de un amargo trago, pagué las copas y me largué de allí. Y en la calle, bajo la vergonzante luz de una triste farola, me juré a mí mismo que jamás te había visto en aquel pub.
(Naturalmente me gustaría contaros cómo ocurrió todo en realidad; de que modo logré librarme del guapo obstáculo, y lo que luego sucedió. Pero no puedo permitirme dispersarme en otro relato más. Así que he preferido finiquitar esta historia de la forma más rápida que conozco: largándome del pub, como siempre).
Yo estaba apalancado en la barra y me enamoraba de ti, así, por la cara, porque me gustaba como te movías, porque me encantaba el blues que sonaba y porque el segundo whisky sabía de puta madre. Bailabas con un tipo mucho más interesante que yo, un obstáculo realmente guapo. Entonces, en medio de un increible solo de Eric Clapton, el tipo te besó. Al instante apuré el whisky de un amargo trago, pagué las copas y me largué de allí. Y en la calle, bajo la vergonzante luz de una triste farola, me juré a mí mismo que jamás te había visto en aquel pub.
(Naturalmente me gustaría contaros cómo ocurrió todo en realidad; de que modo logré librarme del guapo obstáculo, y lo que luego sucedió. Pero no puedo permitirme dispersarme en otro relato más. Así que he preferido finiquitar esta historia de la forma más rápida que conozco: largándome del pub, como siempre).